En esta página te explicamos qué es el fraude eléctrico, qué riesgos tiene para las personas y para la economía, y cómo trabajamos para detectarlo y combatirlo.

El fraude eléctrico y sus riesgos

En esta página te explicamos qué es el fraude eléctrico, qué riesgos tiene para las personas y para la economía, y cómo trabajamos para detectarlo y combatirlo.

¿Qué es el fraude eléctrico?

El fraude eléctrico consiste en alterar de forma ilícita una instalación eléctrica para reducir, parcial o totalmente, lo que se paga por la energía consumida. Es, en definitiva, robar energía.

Es un perjuicio para todos: para las personas que viven o trabajan cerca de una instalación fraudulenta, para los consumidores que sí pagan su energía y para el conjunto de la sociedad.

 

Riesgos para las personas

El fraude eléctrico es especialmente peligroso porque las instalaciones alteradas no cumplen la normativa de seguridad. Eso aumenta el riesgo de:

  • Electrocución.
  • Incendio en viviendas, naves o garajes.
  • Heridos graves o pérdida de vidas.

El riesgo no afecta solo al consumidor que defrauda. También pone en peligro a otras personas del entorno y a los técnicos que trabajan en esas instalaciones, que desconocen que han sido manipuladas.

En los últimos años, el fraude eléctrico está detrás de un número creciente de incendios en viviendas y locales que han causado heridos e, incluso, fallecidos.

 

Efectos económicos del fraude

El fraude eléctrico tiene consecuencias económicas que van más allá del defraudador:

  • Sube la factura de todos los consumidores. La energía robada se considera un coste adicional del sistema eléctrico nacional, que acaba repercutiendo en las facturas de quienes sí pagan.
  • Daña la competencia entre empresas. El defraudador reduce sus costes energéticos y puede ofrecer precios más bajos, lo que perjudica a quienes compiten con él de forma honesta.
  • Reduce la recaudación fiscal. La energía no facturada genera impuestos que el Estado deja de ingresar.
  • Se asocia a otras actividades delictivas, como el tráfico de estupefacientes o la ocupación ilegal de viviendas.